El papa León XIV lamentó que la guerra se haya vuelto “una moda”. La mención la realizó al dirigirse a los integrantes del cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, durante la presentación del mensaje de Año Nuevo.
Durante su intervención, el pontífice advirtió sobre la normalización de los conflictos armados y el uso recurrente de la violencia como herramienta política. Indicó que se trata de un fenómeno que erosiona la convivencia internacional y golpea de manera directa a las poblaciones civiles más vulnerables.
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El Papa León XIV lamenta acciones de guerra y belicismo en Venezuela
En ese contexto, el Sumo Pontífice se refirió de manera específica a Venezuela y a los acontecimientos recientes que elevaron la tensión política en el continente americano. Llamó a respetar la voluntad del pueblo venezolano y a garantizar la protección de los derechos humanos y civiles.
El Papa León XIV exhortó a trabajar por un horizonte de estabilidad y concordia que permita superar una crisis prolongada. Subrayó que la reconciliación debe fundarse en la justicia, la verdad, la libertad y la fraternidad.
La referencia se produce tras la detención de Nicolás Maduro, reportada en medio de una nueva escalada de confrontación política en Venezuela. De acuerdo con versiones difundidas en el ámbito internacional, el arresto se dio en un escenario de disputas internas por el poder y cuestionamientos a la legitimidad institucional.
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Sobre todo por el interés de Estados Unidos en el control del petróleo del país latinoamericano. Esto provocó reacciones dentro y fuera del país. La situación reavivó la preocupación por el estado de derecho, el respeto a las garantías individuales y el impacto de la crisis política sobre la población.
Un llamado a la paz en el mundo
El papa León XIV pidió un alto a la guerra al ampliar su mensaje a otros focos de violencia en el mundo. Señaló la guerra en Ucrania, el deterioro humanitario en Tierra Santa pese a las treguas anunciadas, y el incremento de tensiones en el mar Caribe y a lo largo de la costa pacífica americana. Reiteró el llamado de la Santa Sede a un alto el fuego, al diálogo sincero y a la búsqueda de soluciones políticas que prioricen el bien común por encima de intereses particulares.
Advirtió sobre factores que agravan la inestabilidad global, como el narcotráfico, al que calificó como una amenaza transversal. Indicó que esta actividad destruye comunidades y afecta de forma especial a los jóvenes. Insistió en que la respuesta no puede limitarse a la seguridad, sino que debe incluir inversión en desarrollo humano, educación y empleo.